En el 2001 se cifraba la mano de obra agrícola mundial en 1.240 millones de personas, es decir, en alrededor del 45% de la población activa mundial. Si bien la mano de obra agrícola aumenta en Asia y en el África subsahariana (entre el 0,8-2,0%), en Europa occidental y América del Norte el crecimiento es negativo (-3%).

España ha sido tradicionalmente un país agrícola que en las últimas ha experimentado cambios importantes, la modernización de la economía española a generado que su agricultura posea un escaso peso económico en relación a la economía general del país, pasando del 30% de P.I.B. y del 50% de la población activa agraria en 1950 a aproximadamente el 3% y 10 % respectivamente en la actualidad. Pero, aunque si bien, ha existido esta reducción en términos absolutos también es cierto que la modernización del sector a multiplicado por cuatro su producción, todo y que de momento se encuentre estancada, entre otras razones por la Política Agrícola Común de la Unión Europea, y ha aumentado las rentas de los agricultores, no obstante la población rural dedicada a las laborares agrícolas a parte de reducirse ha envejecido.

A pesar de existir un exceso de comida en los mercados mundiales, que hace que los precios caigan de forma continuada, aún no se ha resuelto el problema del hambre en el mundo. Por otra parte, el incremento exponencial de la población mundial exige cada vez más un mayor incremento en la producción de alimentos y, por tanto, de los insumos requeridos para producirlos.

La política agraria es muy compleja debido a la necesidad de equilibrar la ecología, las necesidades del país y los problemas sociales de quienes viven del campo. Es, por tanto, necesario encuadrar a España en el marco de la Unión Europea y como la Unión Europea ha modificado su Política Agrícola Común (PAC), a partir de abril del 1999.

La aplicación de la reforma en principio beneficiará tanto a los agricultores, los consumidores, al sector agroindustrial y al medio ambiente como a la economía de la UE en general.

En la reforma de la PAC, las prioridades de la Comisión Europea han sido garantizar una mayor competitividad de la agricultura europea en los mercados tanto comunitarios como mundiales, lograr una agricultura más respetuosa del medio ambiente y proteger el medio de vida de los agricultores.

Estas prioridades se mantienen plenamente en el conjunto de medidas.

La reforma de la PAC constituye un paso adelante hacia un régimen de ayudas destinadas a las personas en vez de a los productos y la indemnización de los agricultores no sólo en función de la producción sino también por lo que aportan a la sociedad, concretamente como guardianes del campo.

Es evidente que, según indican las tendencias históricas a largo plazo, la agricultura no podrá preservar por sí sola las zonas rurales de forma permanente, ya sea desde el punto de vista económico, o en términos de mantenimiento de la población rural, a la cual se plantea realizar acciones para rejuvenecerlo.Este acuerdo reforzará de hecho la preferencia comunitaria en numerosos ámbitos, garantizando de este modo que el 90% de la producción de los agricultores de la UE siga teniendo un acceso prioritario al mercado de consumidores más lucrativo del mundo, y permitiendo al mismo tiempo a los agricultores ampliar y diversificar su producción y aprovechar nuevas oportunidades fuera del mercado comunitario.

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